La transición y el siglo XXI
En 1990, Rumania ingresó de golpe a la transición hacia la economía de mercado y el retorno a la democracia multipartidista bajo la administración de Ion Iliescu, quien decidió acabar con las medidas comunistas y establecer medidas de austeridad, pese a que aun continuaban los problemas económicos como el desempleo y los bajos salarios. En el plano político, se proclamó la constitución de 1991 y la consiguiente reelección de Iliescu como presidente. Mientras éste gobernaba como presidente, Petre Roman como premier intentó sin éxito apaciguar las protestas obreras, por lo que se vio obligado a dimitir en favor de Theodor Stolojan.
Más aún, con la transición se planteó el problema de las minorías étnicas, con los gitanos, y con los húngaros en Transilvania. Estos últimos se agruparon en la Unión Democrática Magiar de Rumanía, que pasó a formar parte del gobierno en 1996. El gobierno central se vio obligado a reconocer los derechos etnolingüísticos de las minorías en 1994. Aprovechando estos problemas, el ex-monarca Miguel I, intentó sin éxito restaurar la monarquía.
En 2004, Rumanía ingresó en la OTAN con la aceptación de la mayoría de su población. Con respecto a la Unión Europea, se realizaron negociaciones de ingreso desde 1993, las cuales trajeron como consecuencia reformas económicas y finalmente el ingreso del país en la UE a partir del 1 de enero de 2007.
